domingo, 10 de octubre de 2010

Desde el 4º piso




Para Marilin Astudillo.

Desde el 4º piso puedo ver lo que ocurre en los patios del edificio de enfrente, supongo que allí funcionan oficinas, eso por los embalajes que se acopian contra los muros y el traficar indiferente de tarde en tarde de unos hombres vestidos con uniformes de guardias .
La muchacha es delgada, lleva casi siempre el pelo sujeto en la nuca.
Todos los días de Lunes a Viernes durante el año, con execpión de los días festivos y las vacaciones, ella sale al patio con una bolsa y desde allí va sacando y depositando montoncitos de alimento que distribuye en los bordes sobresalientes de las cajas vacías.
Las cajas son amontonadas en la madrugada, en la tarde una mujer las desarma y se las entregada a un hombre que ingresa con un triciclo y que luego se marcha con una gran torre de cartones aplastados calle abajo.
Cuando la muchacha distribuye el alimento, aparecen los gatos: rondan entre sus piernas, arquéan sus lomos olfateando complacidos las porciones que devoran con deleite.
Ella no sabe que yo la observo, que aveces soy un gato más asustado por su retraso repentino, por la posible privación de su rito, esa cuota de amor válida entre tantos golpes de espalda, apretones de manos y halagos de abalorio y hojalata.

2 comentarios:

  1. Estupendo, amiga. Beso.
    José Valle

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  2. Ella no sabe que yo la observo, que aveces soy un gato más asustado por su retraso repentino, por la posible privación de su rito, esa cuota de amor válida entre tantos golpes de espalda, apretones de manos y halagos de abalorio y hojalata.
    ME PARECE CASI MAGICA LA GEOGRAFIA FISICA Y EMOCIONAL QUE AQUI HAS CREADO.
    La impunidad con que observas,con la sensibilidad a flor de piel, con la respiracion casi contenida por el posible abandono al ritual.
    ¡Excelente,tus letras palpitan con el ritmo de la entrega!

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