sábado, 13 de noviembre de 2010

DORMIR ENTRE AMAPOLAS



La funda del plumón que me abriga mientras duermo es blanca, en su estampado hay grandes corolas de amapolas rojas.

Algo tienen estas flores que me embrujan.

Tal vez sea su desenfado en medio de los trigales, la fragilidad de su indumentaria, el musitar de las semillas en su cáliz ocre, su agobio frente al calor que la desnuda o el incendio de sus ropajes quemando la siesta del verano.

Dormir entre amapolas tiene su ventaja, las adormideras me regalan sueños apacibles, donde no existe la malaventura como derrotero.

He pensado seriamente en fabricarme una corona de papel con estas flores, para mirarme en el espejo de los días grises, para cruzar el río que me devolverá a sus brazos, para cuando el invierno estacione sus reductos.

3 comentarios:

  1. La sutileza de las palabras me fue arropando en colores,aromas y la tibia sensualidad de las amapolas me atrapo hasta casi sentir el revoloteo de las mariposas sobre ese manto fresco,seductor y amoroso.

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  2. La cercanía con las amapolas, nos presupone siempre la apertura del devenir.
    Juan Disante

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