miércoles, 24 de noviembre de 2010

ENSAYO PARA UNA ISLA INCIERTA II



Ingreso en la postal, para poder acertar en los detalles, antes que la bruma del tiempo los empavone.

Él detiene la lancha bajo los árboles, el agua es un sueño de lodo suave.

Hunde una estaca en el fango para sostener al muelle vencido, me saluda con la mano en alto, tal vez a sonreido, no me doy cuenta, la distancia y el sol cansado no me lo permiten.

Me duele esta apostadora de tabas, yo la maga de las cosas inservibles.

Se acerca la nave del comercio flotante, cargada con los enseres que permiten vivir sin tener que transportarse en una barca para llegar al pueblo más cercano, se detiene frente al desembarcadero, son hombres alegres, de voces llanas, se parecen a los juglares recitando lo que ocurre entre los habitantes del río, son como bulliciosos pájaros intercambiando noticias.

Siento que estoy en tierra de nadie, es más, imagino que los dos somos extranjeros de nosotros.

Tiemblo, mi temblor lo ha engendrado con su sed de reminiscencias, alumbradas por el olivar de sus ojos en los mios. Espero en el terraplén un milagro, una sonrisa, un llamado imposible, me dedico a transportar las compras, las ovejas corren ahuyentadas por los perros, levantando un fino polvillo que se suspende iluminado por el sol que se va encogiendo y me envuelve como una crisálida.

El diminuto bosque de bambúes cimbra sus cañas, la floresta mece su aglutinada hojarasca, el lucero se alza en el trapecio.

Él es una criatura melancólica, sin más amparo que su furia, un facón y las cinco letras de mi nombre, que las usa para ver florecer los aromos a orillas del Bio Bio, soy su patria, casi lo único que le queda, la única raíz que persiste.


continuará......


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